Quiero pensar que la razón principal por la cuál he estado lento con eso de escribir posts es porque todavía sigo agarrándole la onda a la escuela: profesores nuevos, clases nuevas, mi ñoño interior no me dejará en paz hasta que tenga todo bien medido. Para evitar dar la imagen de blog descuidado (o por lo menos disimular no serlo) les pongo este video de Kanye West, que recomiendo aunque no les guste el rap (tsss) ya que lo dirigió Murakami, un japonés que hace estatuas de hongos coloridos de 4 metros. También un saludo a mi tía que me ayudó a conseguir un libro que parecía ser inexistente y tengo que leer para apaciguar al ya mencionado ñoño interior.
martes, 26 de agosto de 2008
sábado, 23 de agosto de 2008
Para un profesor, que admiro, y volteó mi mirada hacia Cavafy
El que lee el poema es Sean Connery. Bonito. Chingón.
martes, 19 de agosto de 2008
domingo, 17 de agosto de 2008
SUFICIENTE
viernes, 15 de agosto de 2008
Las lágrimas de Puccini
La canción más emblemática de Madam Butterfly (o la que más aparece en compilaciones de Opera) es Un Bel Dí y me parece que no es necesario ser un experto en italiano o conocer el contexto del aria. Podemos adivinar el título ‘Un Bello Día’ y ciertas cosas como ‘espero y espero’ que canta una mujer, la única voz. Mas quedémonos en el título y con la música. Comienza la música y comienza un nuevo día que la cantante define como bello pero la forma en que se canta nos hace pensar lo contrario. A través de la canción explica por qué es un día bello, pero cada vez que se llega a la parte hermosa de la canción, la afirmación del bello día, siento lo contrario; más que una celebración parece un grito de desesperación, grita para convencerse de que vive un día hermoso, un día que si algo tiene es una sobrecarga de esperanza, deseo de que la melancolía con la que canta llegue a su fin. El final del aria es eso, la dramática contradicción, el deseo de que sea un bello día. La otra canción que quiero mencionar es de Turandot. De esta obra la aria ‘Nessun Dorma’ es sin duda la emblemática, talvez de toda la obra de Puccini, pero es una que para mí canta esperanza, amor y fuerza (‘Al alba venceré’). Aquí quiero hablar sobre Non Piagiere, Liú, que me parece también es una aria cantada por varias voces, o creo que más bien es una serie de arias que canta cada personaje y al final se juntan. El título de por sí ya es bastante triste, una clemencia: No llores, Liú. En este caso sí voy a describir la escena porque es algo verdaderamente hermoso: Liú le pide al príncipe, a quien ama, que no arriesge la vida por conseguir el amor de Turandot y el principe le pide que no llore, Liú abraza a un hombre ciego, el papá del principe, que también le pide a su hijo que no se condene; la música avanza y con ella el príncipe que se acerca al palacio (o a Turandot, depende del director) para gritar su nombre tres veces y tocar el gong; los tres ministros de Turandot le piden que lo piense ‘Oh, por última vez’ mas el príncipe continua, enamorado, encantado; ‘la vida es cosa bella’ le explican, al final todas las voces se unen: Liú, el padre, tres ministros que ven otro príncipe perderse y ríen, el sonido del gong, ¡Turandot!, ¡Muerte! Es una tragedia: ahora el héroe no escapa su destino, lo afronta. Como con Madame Butterfly, el aria comienza con la voz del principie acompañada de pocos instrumentos, las demás voces entran, el resto de la orquesta también hasta que al final todo se une con fuerza. Me parece más triste que ‘Un Bel Di’ ya que aquí se expresan tantos dolores. Liú, que un amor solitario hacía el príncipe y debe verlo como asegura su muerte; el padre, un pordiosero ciego, un rey en exilio, que debe escuchar el dolor de su hijo; y el príncipe enamorado, que grita tres veces el nombre de la reina, su amor, y toca tres veces el gong: las primeras dos se escucha claro, la tercera suena con toda la orquesta, seguido por todas las voces, aunque cantando al mismo tiempo no en coro, sino separadas, con su propio dolor.
-Los invito a una plática que daré junto con dos compañeros sobre la literatura y el café (es la feria del café) el Sábado a las seis de la tarde en la casa de la cultura de Coyoacán, enfrente de la iglesia de Santa Catarina.-
-Los invito a una plática que daré junto con dos compañeros sobre la literatura y el café (es la feria del café) el Sábado a las seis de la tarde en la casa de la cultura de Coyoacán, enfrente de la iglesia de Santa Catarina.-
martes, 12 de agosto de 2008
El buen humor de Alonso Quijano
Decir que recuerdo poco del cuando leí el Quijote en la escuela sería exagerar; ni siquiera recuerdo si lo leí completo. Que pena. Por suerte todo en la vida (bueno, casi todo) se puede arreglar. En Cambridge decidí que para contrarestar el exceso de inglés leería, tan pronto llegar a México, la obra maestra de nuestra lengua. Como todos mis planes, cambió un poco al entrar en práctica ya que al tocar suelo nacional estaba leyendo a Naipaul. Ahora ya llevo un rato con la novela de Cervantes y qué más podría decir aparte de que me está encantando. Una de las cualidades de este libro que más disfruto es el gran sentido del humor. Así como escenas trágicas, pasajes cómicos aparecen en cada capítulo y en este post quiero compartir uno de mis favoritos (cosa tan hermosa cuando la literatura te provoca una reacción física como la risa):
En esto, parece ser, o que el frío de la mañana, que ya venía, o que Sancho
hubiese cenado algunas cosas lenitivas, o que fuese cosa natural -que es lo
que más se debe creer-, a él le vino en voluntad y deseo de hacer lo que
otro no pudiera hacer por él; mas era tanto el miedo que había entrado en
su corazón, que no osaba apartarse un negro de uña de su amo. Pues pensar
de no hacer lo que tenía gana, tampoco era posible; y así, lo que hizo, por
bien de paz, fue soltar la mano derecha, que tenía asida al arzón trasero,
con la cual, bonitamente y sin rumor alguno, se soltó la lazada corrediza
con que los calzones se sostenían, sin ayuda de otra alguna, y, en
quitándosela, dieron luego abajo y se le quedaron como grillos. Tras esto,
alzó la camisa lo mejor que pudo y echó al aire entrambas posaderas, que no
eran muy pequeñas. Hecho esto -que él pensó que era lo más que tenía que
hacer para salir de aquel terrible aprieto y angustia-, le sobrevino otra
mayor, que fue que le pareció que no podía mudarse sin hacer estrépito y
ruido, y comenzó a apretar los dientes y a encoger los hombros, recogiendo
en sí el aliento todo cuanto podía; pero, con todas estas diligencias, fue
tan desdichado que, al cabo al cabo, vino a hacer un poco de ruido, bien
diferente de aquel que a él le ponía tanto miedo. Oyólo don Quijote y dijo:
-¿Qué rumor es ése, Sancho?
-No sé, señor -respondió él-. Alguna cosa nueva debe de ser, que las
aventuras y desventuras nunca comienzan por poco.
Tornó otra vez a probar ventura, y sucedióle tan bien que, sin más ruido ni
alboroto que el pasado, se halló libre de la carga que tanta pesadumbre le
había dado. Mas, como don Quijote tenía el sentido del olfato tan vivo como
el de los oídos, y Sancho estaba tan junto y cosido con él que casi por
línea recta subían los vapores hacia arriba, no se pudo escusar de que
algunos no llegasen a sus narices; y, apenas hubieron llegado, cuando él
fue al socorro, apretándolas entre los dos dedos; y, con tono algo gangoso,
dijo:
-Paréceme, Sancho, que tienes mucho miedo.
-Sí tengo -respondió Sancho-; mas, ¿en qué lo echa de ver vuestra merced
ahora más que nunca?
-En que ahora más que nunca hueles, y no a ámbar -respondió don Quijote.
-Bien podrá ser -dijo Sancho-, mas yo no tengo la culpa, sino vuestra
merced, que me trae a deshoras y por estos no acostumbrados pasos.
-Retírate tres o cuatro allá, amigo -dijo don Quijote (todo esto sin
quitarse los dedos de las narices)-, y desde aquí adelante ten más cuenta
con tu persona y con lo que debes a la mía; que la mucha conversación que
tengo contigo ha engendrado este menosprecio.
-Apostaré -replicó Sancho- que piensa vuestra merced que yo he hecho de mi
persona alguna cosa que no deba.
-Peor es meneallo, amigo Sancho -respondió don Quijote.
hubiese cenado algunas cosas lenitivas, o que fuese cosa natural -que es lo
que más se debe creer-, a él le vino en voluntad y deseo de hacer lo que
otro no pudiera hacer por él; mas era tanto el miedo que había entrado en
su corazón, que no osaba apartarse un negro de uña de su amo. Pues pensar
de no hacer lo que tenía gana, tampoco era posible; y así, lo que hizo, por
bien de paz, fue soltar la mano derecha, que tenía asida al arzón trasero,
con la cual, bonitamente y sin rumor alguno, se soltó la lazada corrediza
con que los calzones se sostenían, sin ayuda de otra alguna, y, en
quitándosela, dieron luego abajo y se le quedaron como grillos. Tras esto,
alzó la camisa lo mejor que pudo y echó al aire entrambas posaderas, que no
eran muy pequeñas. Hecho esto -que él pensó que era lo más que tenía que
hacer para salir de aquel terrible aprieto y angustia-, le sobrevino otra
mayor, que fue que le pareció que no podía mudarse sin hacer estrépito y
ruido, y comenzó a apretar los dientes y a encoger los hombros, recogiendo
en sí el aliento todo cuanto podía; pero, con todas estas diligencias, fue
tan desdichado que, al cabo al cabo, vino a hacer un poco de ruido, bien
diferente de aquel que a él le ponía tanto miedo. Oyólo don Quijote y dijo:
-¿Qué rumor es ése, Sancho?
-No sé, señor -respondió él-. Alguna cosa nueva debe de ser, que las
aventuras y desventuras nunca comienzan por poco.
Tornó otra vez a probar ventura, y sucedióle tan bien que, sin más ruido ni
alboroto que el pasado, se halló libre de la carga que tanta pesadumbre le
había dado. Mas, como don Quijote tenía el sentido del olfato tan vivo como
el de los oídos, y Sancho estaba tan junto y cosido con él que casi por
línea recta subían los vapores hacia arriba, no se pudo escusar de que
algunos no llegasen a sus narices; y, apenas hubieron llegado, cuando él
fue al socorro, apretándolas entre los dos dedos; y, con tono algo gangoso,
dijo:
-Paréceme, Sancho, que tienes mucho miedo.
-Sí tengo -respondió Sancho-; mas, ¿en qué lo echa de ver vuestra merced
ahora más que nunca?
-En que ahora más que nunca hueles, y no a ámbar -respondió don Quijote.
-Bien podrá ser -dijo Sancho-, mas yo no tengo la culpa, sino vuestra
merced, que me trae a deshoras y por estos no acostumbrados pasos.
-Retírate tres o cuatro allá, amigo -dijo don Quijote (todo esto sin
quitarse los dedos de las narices)-, y desde aquí adelante ten más cuenta
con tu persona y con lo que debes a la mía; que la mucha conversación que
tengo contigo ha engendrado este menosprecio.
-Apostaré -replicó Sancho- que piensa vuestra merced que yo he hecho de mi
persona alguna cosa que no deba.
-Peor es meneallo, amigo Sancho -respondió don Quijote.
-Paréceme, Sancho, que tienes mucho miedo. Hahahaha, buenísimo. Me pregunto si de este pasaje salió la expresión de 'cagarse de miedo'.
miércoles, 6 de agosto de 2008
Recordando la bomba.
******
"The ‘Testimonies of Hiroshima’ also tell about a most defiant man, quite different from the old man who drowned himself by jumping off the ferry boat and from the mad old man who talked incessantly to his dead grandson. This defiant man tries to commit ritual suicide by disembowelling himself in front of the Memorial Cenotaph - not from despair but from the thought that ‘if I, who am old and disabled, sacrifice myself, then the sensation may help to prevent nuclear testing.’ But the small knife, which he had gone to the trouble of obtaining, would not cut through the skin of his abdomen. The old man exclaimed, ‘I don’t want to live a life of shame,’ and tried to slit his throat. But, again, he was unable to end his life, For he was already too weakened by an A-bomb disease caused by residual radiation. H had an unusual keen sense of shame and, while lying abed in the A-bomb hospital, repeated over and over that he had exposed himself to ridicule. In was in the gloomy September of 1961, when Krushchev had announced the resumption of nuclear testing and the Japan Council against Atomic and Hydrogen Bombs had lacked the courage to protest Kruschev¡s statement, that the old man had made up his mind to kill himself. People whom I met in Hiroshima this summer had no recent information on this stubborn and solitary old man who was never interested in talking to other patients on his ward. That is, no one knew whether he was even alive, or whether he is still burdened with a sense of humiliation for having ‘exposed himself to ridicule’, and with pent-up anger at the resumption of nuclear testing. The only clear information is that the nine letters of protest which the old man had prepared at the time of his suicide attempt have been ignored by the Soviet and American embassies and all other places to which he sent them."
Kenzamburo Oe; Hiroshima Notes; pag. 48-49; 90-91. (Este libro se basa en las notas y reportajes de Oe durante dos años que paso en Hiroshima veinte años después de que la bomba nuclear estalló cien metros sobre el centro de la ciudad.)

(La primera foto la tomé cuando estuve en Hiroshima, es de un edificio que sufrió la explosión y no fué demolido para dejar prueba y recuerdo de los hechos. La segunda se supone que fué tomada desde el Little Boy -avión que soltó la bomba- poco después de la detonación.)
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